De las afueras de São Paulo al mundo. Nacido en 1975 en Jardim Martinica, un barrio pobre del sur de São Paulo, el artista Eduardo Kobra se ha convertido en uno de los muralistas más reconocidos de la actualidad, con obras en los 5 continentes.

Desde los Juegos Olímpicos de Río, en 2016, ostenta el récord del mural de graffiti más grande del mundo – primero con ‘Etnias’, pintado para celebrar el evento, con 2.500 metros cuadrados; marca superada por él mismo en 2017, con una obra en honor al chocolate que ocupa un muro de 5.742 metros cuadrados en los márgenes de la Carretera Castello Branco, en la Región Metropolitana de São Paulo.

Una de sus obras más famosas es ‘O Beijo’, representada en 2012 en el High Line de Nueva York, borrada cuatro años después. Se trata de una colorida reinterpretación de la imagen realizada por el fotoperiodista estadounidense Alfred Eisenstaedt (1898-1995) el 13 de agosto de 1945, cuando la gente tomó las calles para conmemorar el final de la Segunda Guerra Mundial.

Kobra comenzó a dibujar en las paredes escondido, como artista de graffiti, incluso durante su adolescencia. El gusto por el arte callejero espontáneo ya era visible en el niño, que recogía advertencias por intervenciones no autorizadas en la escuela e incluso fue arrestado tres veces por un delito ambiental, precisamente por el uso irregular de aerosoles en las paredes cercanas.

En la década de los noventa, trabajó haciendo carteles, pintando escenarios de juguetes y creando imágenes decorativas para eventos en el que era el parque de diversiones más grande de Brasil. Era la primera vez que él, hijo de un tapicero y ama de casa, ganaba dinero con sus imágenes. El trabajo fue exitoso, tanto que le valió invitaciones para trabajar en otras empresas y con agencias de publicidad.

Su arte urbano comenzó a ganar visibilidad en la década siguiente. En 2007 apareció por primera vez de forma destacada en los medios por el proyecto Muro das Memórias, en el que se sumergió en el universo de las fotos antiguas de São Paulo y empezó a reproducirlas en las calles en tonos sepia o en negro y negro. blanco, presentando un estilo de graffiti diferente al que se extendió por la ciudad.

Este proyecto terminó convirtiéndose en una marca, el embrión de gran parte de lo que vendría después.

Kobra se convirtió en un obstinado investigador de las imágenes históricas y hubo muchas ocasiones en que tal predilección, impresa en gigantescas paredes, terminó sirviendo para rescatar la importancia de los lugares y fortalecer el sentido de pertenencia de sus habitantes.

Autodidacta, el muralista admite que aprendió y desarrolló su arte observando el trabajo de artistas que admira, desde el misterioso exponente del arte callejero Banksy, un británico cuya identidad nunca ha sido revelada, hasta nombres como el estadounidense Eric Grohe (1944). -), el también norteamericano Keith Haring (1958-1990) y el mexicano Diego Rivera (1886-1957).

Los proyectos empezaron a sumarse. En Greenpincel, Kobra demuestra una preocupación elocuente por las causas medioambientales. Estos paneles, compuestos por una imagen y una frase de protesta, son panfletos contundentes por causas ecológicas. En este sentido, sus temáticas genuinas van desde la lucha contra la pesca predatoria hasta el veto de la explotación de animales en eventos como el rodeo. El calentamiento global, la contaminación del aire y del agua y la deforestación también aparecen en sus murales.

En 2009, Kobra se encontró con pinturas de arte callejero tridimensionales. Decidió que él también podía hacerlos. Se sumergió en su estudio, realizó varias pruebas y luego puso su arte en la calle. Primero en la Avenida Paulista, el corazón simbólico y financiero de São Paulo. Luego, en exposiciones en todo el mundo, desde festivales en Dubai, en los Emiratos Árabes Unidos, hasta eventos en los Estados Unidos.

Su sensibilidad por los males sociales dio lugar al proyecto de Realidad Aumentada, en el que pintó diez paneles en diez días en 2015, siempre llamando la atención sobre un tema importante: desde una niña desaparecida hasta una persona sin hogar que escribe poemas, pasando por la historia de un bailarina de origen pobre de las afueras de São Paulo.

Más recientemente, en una visita actualizada a las imágenes antiguas, Kobra creó la serie Recortes da História. En lugar de partir de fotografías antiguas que retratan la memoria de un lugar, el artista recurre a momentos notables de la historia de la humanidad. Así, escenas como la del activista estadounidense Martin Luther King (1929-1968) dando un discurso contra el racismo ganan muros por los rasgos del artista brasileño.

En el proyecto Olhar a Paz, Kobra retrata a personalidades históricas que han luchado contra la violencia, por la difusión de una cultura de paz en el mundo. Es cuando el arte brasileño respalda – y a menudo se hace eco – de los mensajes de fraternidad y no violencia. Ha estampado en las paredes al activista indio Mahatma Gandhi (1869-1948), la víctima del Holocausto Ana Frank (1929-1945), la activista paquistaní Malala Yousafzai (1997-) y el científico alemán Albert Einstein (1879-1955), entre otros ejemplos.